¿Acabas de sacar mi Curriculum Vitae de tu cajón digital y estás a punto de ponerte en contacto conmigo? ¡Estupendo! Pero antes de hacerlo, asegúrate de que sé lo que hago. Consulta mi primer caso de éxito.

Mi primer caso de éxito: la niña de la tele | Stasa Durdic

Era viernes, 23 de marzo. El día que, como informaron los medios de comunicación, Marta Rovira se fue de España. Sí, sí, se trata del día que, por primera vez en mi vida, gané en Facebook entradas para una obra de teatro. Y, lo más importante del todo, ese día mi pareja y yo salimos un viernes por la noche después de casi seis años. Fuimos a ver la obra “El niño de la tele”.

Sin embargo, esa fecha no es significativa para mí solo debido a dichos acontecimientos. Al contrario, el 23 de marzo tomé la decisión de explicar en este blog mi primer caso de éxito. Y no solo eso. Inspirada por el título de la obra, opté por llamarlo “La niña de la tele”.

¿Te gustaría saber cómo he llegado a decidir esto? ¿Te interesa qué tiene que ver este caso con dicha obra y por qué sería más acertado decir que se trata de “un caso de Bréxito”?

Mi primer caso de éxito: antes de descubrirlo, lee esto ⇩

Antes de responder todas estas preguntas, te comento algo. De hecho, el título no es la única similitud entre mi primer caso de éxito y la obra de Rubén Ramírez y Marc González de la Varga. Tal y como el guion de la obra, este texto también cuenta con unos niveles en vez de subtítulos y con una canción que resume su mensaje. Eso sí, mientras que la canción del niño de la tele es I Just Want To (Dance), la de la niña es la siguiente:

Otra cosa, si eres mi posible futuro clientete aseguro que te interesa leer este texto. ¿Por qué?

  1. Si eres emprendedor y tienes tu micronegocio, léelo porque probablemente has pasado por las mismas fases en tu propio camino hacia el éxito. Por lo tanto, descubrirás que tenemos mucho en común. Además, el texto cuenta con varias emociones y no tengo la menor duda que conseguirás conectar con alguna de ellas.

  2. Si trabajas en un negocio que no es tan, tan micro, quédate también porque a ti no te voy a vender la moto de las emociones, jejeje. De ninguna forma, aunque… Algo sí que te voy a vender -> el coche de cifras y los gráficos.

Dicho esto, vamos allá. Mi primer caso de éxito está esperando que lo descubras.

La vida en la caja, los pies en la nube

Mi primer caso de éxito | La vida en la caja, los pies en la nube | Stasa Durdic

“He never, ever saw it coming at all.”

Este caso de éxito empieza en la RF Yugoslavia, durante la década de mi primaria. Su comienzo se ubica en los años 90, la época en la que mi profesora se dio cuenta de las siguientes dos “cosas”:

  • Que a mí me gustaba estudiar;
  • Que no me importaba realizar trabajos escritos.

Bien, antes de continuar, insisto en que no crecía en Escandinavia, sino en los Balcanes. Por lo tanto, en mi cole a los alumnos no nos hacían ningún mapa mental. Tampoco se desarrollaban metódicamente nuestras afinidades ni trabajaron los intereses. Aunque, hay que reconocerlo, mi profesora creía en mí y me apoyaba.

Luego, con el paso de los años, escribía cada vez más. Aparte, cada vez me gustaba más hacerlo, tanto que decidí estudiar una carrera universitaria que se basa en escribir, periodismo.

Eso sí, en ningún momento pensé que sería complicado vivir de escribir. Mis propios padres me protegieron de una idea tan destructiva, explicándome que de cada profesión se puede vivir si un trabajo se hace bien. Lo único es que se olvidaron mencionar que la cosa funciona así (solo) en Escandinavia.

En fin, este nivel terminó con mi admisión en la Universidad de Belgrado, cuando me convertí en una (más) estudiante de periodismo. Por cierto, insisto en que me sentía muy feliz y optimista durante todo el nivel 1, el nivel que, hoy en día, lo llamo: “I never, ever seen it coming at all.”

Una maleta, ¿otra caja?

Mi primer caso de éxito | Una maleta, ¿otra caja? | Stasa Durdic

“Hey, open wide, here comes original sin.”

Mi actual pareja me conoció mientras todavía estaba en ese nivel tan optimista. Entiendo por qué le gusté. El optimismo atrae a la gente, es una especie de imán. Por lo tanto, a nadie le debería extrañar que era justo él el que me propuso dar una oportunidad a nuestra relación.

La idea era siguiente: que yo fuera a España, que realizara un postgrado y que los dos viéramos hacia dónde nos llevaría “lo nuestro”.

Dicho, hecho. Poco después de licenciarme en Periodismo y Comunicación, preparé mi maleta, cogí mi lápiz, subí a un avión y me dirigí rumbo una ciudad que se encontraba en plena crisis económica. Así es, era el año 2010 y me mudé a Barcelona.

Pero a diferencia del niño de la tele, en aquel momento yo no pensaba que me fuera a comer el mundo. Aunque, a pesar de la crisis, estuve convencida que España sí que me la comería. Mejor dicho, la conquistaría con mi talento de escribir.

Bien, no pasó mucho tiempo antes de darme cuenta que incluso Cornellà, donde me empadroné, era un bocado demasiado grande para mí. De hecho, llevaba ya unos meses con la maleta deshecha, esperando subir al siguiente nivel, el nivel de mi primer trabajo. Algo que no ocurría.

Al mismo tiempo, a pesar de tener mucho espacio en la maleta, me oponía a la idea de colocar mi lápiz dentro y cerrarla, abandonando asimismo la opción de vivir de escribir. No me rendía.

Comienza el drama

Mi primer caso de éxito | Comienza el drama. | Stasa Durdic

“And we’re going to these meetings. But we’re not doing any meeting.”

Decidida a no rendirme, continué enviando mis Curriculums Vitae, mejorando las cartas de presentación y recibiendo las respuestas, una tras otra, que no encajo con el perfil deseado. Pasé por el tubo de distintas plataformas freelance, iba por aquí y por allá, de Infojobs a Trabajar.com. Pero siempre con el mismo resultado. Sin novedad en el frente.

Aunque, en realidad, algo sí que era nuevo. Mi optimismo inicial desapareció. Asimismo, la vida comenzó a parecerse a una escena de la obra “El niño de la tele”. Sí, sí, me refiero a aquella escena donde Rubén golpea los clavos con un martillo mientras que, desde una pantalla montada en la escena, el payaso de su sueño roto se pone a llorar.

Eso sí, yo no tenía ningún martillo en la mano. Pero el payaso de mi sueño roto también estaba llorando, mientras que yo intentaba dar la tecla.

Qué comienzo más teatral de mi drama. ¿O no?

SOS: acercándome al breakthrough moment

De que mi vida se convirtió en un drama me enterré, vaya ironía, en mi propio pueblo, donde empezó todo. De hecho, al pasar allí el verano de 2014, un día me encontré por la calle con mi antigua profesora, la que se dio cuenta de mi talento de escribir.

Por una parte, estaba ella, recién jubilada. Por la otra, yo, con una barriga hasta los dientes, intentando mantener el paso con mi peque de un año y medio.

Ahora, atento, porque el siguiente comentario te llevará hacía el momento decisivo de esta historia. Ya sabes, como en el caso del niño de la tele, cuando su padre, con un cigarrillo en la boca, le dice: “Pensabas que te comerías el mundo, pero te comiste una mierda”.

En mi caso, desde luego, no hubo ningún cigarrillo. La profesora tampoco empleó tal vocabulario. Pero me envió el mismo mensaje, con una amplia sonrisa en la boca, mientras acariciaba el pelo de mi hijo: “Qué bien, te hiciste mamá. ¡Enhorabuena! Cuanto me alegro por ti, qué bien… Sí, qué bien… Pero qué bien escribías tú. Es que, estaba tan segura que llegarías muy lejos escribiendo. Bueno, sí, lejos sí que estás. Lejos de casa”.

En aquel momento, te lo digo de verdad, solo quise llorar y gritar un SOS. Pero la O desapareció de mi mapa cuando el optimismo abandonó la barca. Por lo tanto, me quedé solo con dos S. Y ya que no  resulta fácil gritar dos S, no grité. Pero mi corazón me susurró: You´re in a Serious Shit.

Sí, mi profe me la sirvió, y yo me la comí. Una verdadera, VERDADERÍSIMA caca, seguida por unas nuevas vueltas sobre lo mismo. Así continuó ese día, tal y como mi vida en el terrorífico nivel 1.2.

El momento decisivo

Mi primer caso de éxito | El momento decisivo (the breakthrough moment) | Stasa Durdic

“And we´re trying to be faithful. But we´re cheating, cheating, cheating.”

En aquel momento, no lo sabía, pero sí, me acercaba a mi propio momento decisivo, the breakthrough moment. Sabes de qué te estoy hablando, ¿verdad? Se trata de aquel momento en el que, en las películas de amor, el novio o la novia dice a otra persona: This isn´t working.

O, en mi caso, el momento en el que dije a mi misma: I´m not working. I´m wasting my time.

Además, como si no fuera suficiente, cada dos por tres el querido Internet me mostraba el siguiente mensaje: You´re not broken, you´re breaking through. Un mensaje digno del mismísimo Mr. Wonderful. Lo único es que, en realidad, mi vida era más bien “puterful”.

Bueno, más o menos con el mismo estado de ánimo -el “puteful”– salí del teatro, la noche de la obra. No porque la obra no me gustara, eso no. Sino… La noche fue cálida y mi pareja y yo decidimos darnos un paseo antes de ir para casa, encontrándonos con varios grupos de jóvenes que nos sacaban por lo menos 10 años, si no 15. Los que siguen siendo optimistas. (No lo pueden esconder. Se les ve en los ojos.)

Rodeada de tanta juventud, yo también de repente me comencé a sentir de nuevo muy joven. Tan joven que a mi pareja le confesé: “Yo soy una niña de la tele”.

“Pero si tú nunca has estado en un plato de televisión,” saltó mi pareja.

“Cierto, tienes toda la razón, pero… En una caja sí”.

Acto seguido, la magia. Con estas palabras subí de nivel. Y, pese a que no era el soñado nivel 4, aquella noche me conformé con el segundo.

¿De la caja al cajón?

Mi primer caso de éxito | ¿De la caja al cajón? | Stasa Durdic

“I´m the hero of the story. Don´t need to be saved.”

Cuando digo que soy la niña de la tele, ¿a qué me refiero? Ante todo, es verdad lo que dice mi pareja, yo realmente nunca había pisado el plato de ninguna televisión. Pero he pasado muchos años dentro de una caja, la caja mágica, conocida como la tele. O la caja tonta, depende del punto de vista.

En fin, allí dentro al principio me alimentaban con unas ideas equivocadas. Luego yo misma seguí autoalimentándome con tales ideas.

Por lo tanto, mi primer (y verdadero) caso de éxito era sacar a esa niña de la tele y gritarle: Think out of the box.

Bienvenidos a la república independiente de mi vida fuera de la caja

El primer paso hacia la solución era reconocer el problema. Y lo reconocí, ese mismo viernes, 23 de marzo, sintiéndome (casi) igual de importante como aquellas personas que confiesan que son adictas al alcohol o la droga. Así es, yo era adicta a tres ideas:

  • Que tengo talento de escribir;
  • Que voy a vivir de escribir;
  • Y, la última, si lo hago bien, que no me costará vivir de escribir, viva donde viva.

Dicho esto, se supondría que este texto podría finalizar. Pero ¿será esto un game over? ¿El drama termina aquí? Qué va, el verdadero drama está aún por comenzar. Y ahora todo está en el juego.

Comienza el drama emprendedor

Llegando al segundo nivel, he decidido no seguir buscando trabajo, sino crearlo. Justo lo que recomienda el famoso Risto Mejide.

Por lo tanto, me apunté a varios cursos, unos subvencionados, otros de pago.

Peeeero… En unos cuantos cursos, me convencieron de nuevo de que yo sí puedo vivir de escribir. Y tanto que sí, algunos (pocos) lo consiguieron, solo faltaría que yo falle. En otras palabras, no me vendieron la moto de emociones ni el coche de cifras, sino un camión lleno de plantillas, hojas de trabajo, checklists, consejos y pasos que debería seguir para conseguir los primeros clientes buenos. Para convertirme en una excelente redactora y copywriter que emite facturas y consigue pagar su cuota de autónomo.

Aunque, la cosa va más allá de dos o tres cursos. De hecho, en las redes sociales, muchos se ofrecen a guiarme durante mi camino emprendedor y a revelarme sus trucos en las masteclases. Todo esto para que pueda llegar aún más lejos, aunque no de casa.

Pero cuidado, no te quedes con la idea de que me estoy encerrando de nuevo en la misma caja. No, no, nooooooo, de eso nada. Lo único que toda esa gente que ni siquiera me conoce pretende hacer es ayudarme para que, una vez fuera de la caja, no acabe en un cajón digital. Ya sabes, como aquellos Curriculums que los meten en el cajón y allí se quedan.

Por lo tanto, sigo sus consejos y cada día doy señales de vida en las redes sociales. Hago networking. Voy mejorando mi marketing. Busco oportunidades. Porque, si X persona pudo conseguir vivir de escribir, lo voy a conseguir yo también.

Mi primer caso de éxito ⇝ Bréxito

Mi primer caso de éxito | Stasa Durdic

“No one´s got it all.”

A pesar de contar con tanta ayuda casi gratuita la pago solo con mi dirección de correo electrónico—, te voy a confesar una cosa. Todavía no he subido al tercer nivel.

O no he bajado al tercer nivel, que es otra opción, igual de probable.

De una forma u otra, esta historia tiene un final abierto. Si nos vemos en otra historia, ya te contaré como ha acabado esta.

Pero antes de irte, me gustaría que entiendas dos cosas.

Primero, lo que acabo de explicarte en el fondo no es ningún caso de éxito, sino mi primer caso de Bréxito. Vale, vale, sé que la palabra exit significa la salida, no el éxito. Pero mientras que el Brexit significa la salida de la gran Bretaña de la Unión Europea, el Bréxito figura como mi propio éxito de salir de la maldita famosa caja mágica.

Segundo, si has llegado hasta el final de este texto tan largo, enhorabuena. Está claro que mi historia te ha llamado la atención e, incluso, puede ser que te haya convencido de que trabajes conmigo. Pero si de verdad quieres que nuestra colaboración sea todo un (caso de) éxito, fíjate en lo siguiente:

  • Si eres emprendedor y tienes tu micronegocio, entiendo que no tendrás muchos recursos. Entiendo que intentarás ahorrar en todo y eso me parece bien. Pero, a pesar de todo, si quieres colaborar conmigo, no me ofrezcas una recompensa de mie*da. Ya he comido suficiente de eso. Y te lo juro, no deja un buen sabor de boca.

>> Stasa, no te pienso ofrecer una recompensa de mie*da. <<

  • Si trabajas en un negocio que no es tan, tan micro, no me ofrezcas que juntos nos comamos el mundo. España tampoco. Si esa propuesta es lo que tienes en mente, has llegado unos años tarde. Yo ya no tengo estomago para esto.

>> Stasa, nos vamos a comer el mundo. Solo vamos a trabajar juntos. <<

Hazme caso y entonces sí, es posible que nos veamos en otra historia.

Si no… No te ofendas, pero… ¿Qué estás haciendo aquí?

Te lo tengo que preguntar porque tengo 31 años y, según la opinión de Risto Mejide, ya he sido dado por perdida. Soy muerta, por lo menos profesionalmente. Por eso, siendo la cosa tal cual, a los muertos no les ofrezcas la experiencia ni la visibilidad. Porque por Dios, ¿quién quiere ver a los muertos?

Hasta la próxima, un saludo storyfriendly y…

… Una pregunta. En este texto he salido del armario de la caja. ¿Crees que eso representa un éxito?

Stasa Durdic

Soy redactora, copywriter y periodista web. Serbia de nacimiento, en Barcelona por ocasión, escritora por amor. Me gusta el amarillo, me encanta el storytelling y estoy de acuerdo con la siguiente frase de Don Draper (Mad Men): “El cliente adora pagar a los medios y el CREATIVO adora los LÁPICES”.


2 commentarios

#Jerby @ratonbloguero · 06/04/2018 a las 10:32

Hola Stasa

Me ha gustado lo del ‘bréxito’. Hace poco, oí una frase que puede tener cierta relación: ‘Tu princesa está en otro castillo’.

Un abrazo

    Stasa Durdic · 09/04/2018 a las 10:33

    ¡Hola, Jerby! ¡Gracias por comentar el texto! Hmmm… ¿Crees que estoy buscando lo mío en un sitio equivocado y que por eso, en vez de hablar del éxito, estoy hablando del “Bréxito”?

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